Bruno Paz me domina con su polla dura hasta el fondo
El sonido de su respiración agitada me ponía más cachonda que cualquier cosa, y cuando Bruno Paz me ordenó que me arrodillara, mi culo ya estaba temblando de anticipación. Me encanta cuando me tratan como una puta sumisa, y él lo sabe, por eso me hace gemir cada vez que me clava su verga gruesa sin piedad. 'Chupa, perra', me dijo mientras me agarraba del pelo, y yo obedecí como una buena zorra, sintiendo cómo su polla me llenaba la boca hasta las amígdalas. Pero lo mejor vino después, cuando me puso a cuatro patas y me empotró contra el colchón, embistiendo mi culo apretado con tanta fuerza que creía que me iba a partir en dos. Cada vez que me penetraba, gritaba su nombre, suplicando que no parara, que me rompiera el ano de una vez. Él solo se reía, disfrutando de mi humillación mientras me follaba como si fuera su juguete favorito. '¿Te gusta, puta?', me preguntó con esa voz dominante que me vuelve loca, y yo solo podía asentir, con la cara empapada de sudor y lágrimas de placer. Cuando por fin se corrió dentro de mí, llenándome el culo de leche caliente, supe que no sería la última vez que me sometería a su voluntad. 'La próxima vez te haré gritar más fuerte', me susurró al oído, y yo solo pude gemir en respuesta, sabiendo que estaba perdida para siempre.