El paísano de culo prieto se tragó toda mi leche
El olor a sudor y tierra fresca lo envolvía todo cuando Hotpaulistano se acercó al chico del campo, su culo redondo y firme tentándolo sin piedad. Ares X lo retó con una sonrisa pícara: "¿Aguantas lo que te voy a dar?" y el otro, con los ojos brillando de desafío, respondió: "Demuéstrame que puedes hacerme gemir como una perra en celo." La apuesta estaba hecha, y la polla de Hotpaulistano ya palpitaba, gruesa y dura, lista para reventar ese culo apretado. Con un empujón seco, la enterró hasta las pelotas, haciendo que el otro soltara un grito ahogado mientras sus uñas se clavaban en la tierra. "¡Más duro, cabrón!" gruñó el de campo, y Hotpaulistano no se hizo esperar: sus embestidas eran salvajes, cada golpe resonando como un latigazo en el aire quieto. La saliva del paísano goteaba sobre su pecho sudado mientras Hotpaulistano le mordía el cuello, marcando territorio. "No te corras todavía, puta" le advirtió, pero el otro ya estaba temblando, su agujero tragando la verga como si no hubiera mañana. Cuando Hotpaulistano sintió que las pelotas se le tensaban, gruñó y se hundió hasta el fondo, soltando un chorro caliente que llenó al otro hasta rebosar. El paísano jadeó, con la polla aún dura, pero fue Hotpaulistano quien sonrió victorioso al ver cómo el otro se desplomaba, vencido por el placer.