Ass Monkey se abre el culo hasta que se le rompe en la calle
—'¿Te gusta cómo me queda esta falda, verdad?'— le susurró Ass Monkey mientras se ajustaba la tela sobre su culo apretado, sabiendo perfectamente que cada paso hacía que su ropa interior se le hundiera entre las nalgas. Llevaba horas provocándolo, mandándole fotos de su trasero en pompa, rozándose contra él en la cocina, hasta que al fin lo llevó a un callejón oscuro donde nadie los vería. Te vas a poner durísimo cuando veas cómo se baja los calzones y se agacha, mostrando su agujero ya reluciente de saliva y lubricante. Sin perder tiempo, le clava un consolador gigante hasta que el esfínter se le abre como un pozo, gimiendo tan fuerte que los vecinos podrían oírlo, pero no le importa. Imagínate el sonido de su culo chupando el juguete, cómo la piel se le pone roja de la presión, cómo se le escapa un gemido ahogado cada vez que lo empuja más adentro. No para hasta que el agujero se le queda abierto como un cráter, temblando, y Ass Monkey jadea, sintiendo cada centímetro de ese plástico duro estirándole las paredes. Lo saca y lo vuelve a meter, una y otra vez, hasta que el culo le arde y le duele, pero no quiere que pare. Al final, cuando el consolador está empapado de su propia humedad, lo deja caer al suelo y se queda mirándolo, sintiendo cómo el agujero le palpita, vacío pero satisfecho, pensando en lo bien que lo ha hecho sufrir.