El doctor Legrand Wolf necesita que le partas el culo con esa polla
Legrand Wolf llevaba días mirándote con esos ojos de cachondo, rozándose contra ti en el consultorio cuando creía que nadie lo notaba. Cada vez que te agachabas para revisar algo, sentía cómo su verga se endurecía contra tu culo, imaginando lo que podría pasar si se atreviera a tocarte. La tensión era insoportable, y cuando por fin te lo llevaste al cuarto de suministros, no hubo palabras: te arrodillaste y le bajaste los pantalones de un tirón, dejando al descubierto esa polla gruesa que tanto había deseado. Se la chupaste con ganas, sintiendo cómo le temblaban las piernas mientras te agarraba la cabeza, empujando más adentro hasta que le rozaste la garganta. Pero él no quería correrse así, no después de tanto tiempo esperando. Te dio la vuelta, te empujó contra la pared y te abrió el culo con los dedos, lubricándote con saliva antes de clavarte esa verga hasta las pelotas de una estocada. Gemiste como un puto, sintiendo cómo te estiraba por dentro, y él no paró: te empotró contra la pared, golpeando tus nalgas con cada embestida, hasta que te llenó el culo de leche caliente. Cuando se retiró, viste cómo tu semen le goteaba por los muslos, manchando el suelo del consultorio.