Pedro Juan empala a Gabotaku en el culo por primera vez
Pedro Juan ni imaginaba que el nuevo compañero de piso escondía esos gemidos bajo esa ropa holgada. Todo empezó cuando lo vi salir de la ducha, con el culo perfectamente redondo y esos tatuajes que bailaban con cada movimiento. Me acerqué sigilosa, rozando su espalda con las manos, y noté cómo se le erizó la piel cuando le mordisqueé el cuello. ‘¿Te gusta que te hagan esto?’, le pregunté mientras mis dedos bajaban hasta su culo apretado, separando esos globos suaves. Él solo gimió, pero su polla ya estaba completamente dura, lista para lo que viniera. Sin pensarlo, me puse de rodillas y le empecé a chupar, sintiendo cómo sus muslos temblaban contra mi cara. Pero Pedro Juan no se conformó con eso: me empujó contra la pared y, antes de que pudiera reaccionar, ya tenía su polla gruesa enterrada en mi culo, llenándome de una manera que nunca había sentido. Cada vez que me embestía, el sonido de carne contra carne resonaba en la habitación, y sus gemidos se mezclaban con los míos. Lo más excitante fue cuando me di cuenta de que a Gabotaku le encantaba que le agarraran el pelo mientras le rompían el culo, porque cada vez que lo hacía, su cuerpo se sacudía como un muñeco. Al final, cuando ya no pude más, lo giré y le metí la polla hasta que sus caderas chocaron contra las mías. ‘¿Así te gusta, perrito?’, le dije mientras su culo se cerraba alrededor de mi verga. ‘Sí, sí, no pares…’, balbuceó, y eso fue lo único que necesitaba para correrme dentro de él, llenándole el culo de semen caliente.