El DILF Chase Weston usa a su hijastro como su puto cumdump
—Shhh, si mi papá nos escucha, nos mata, susurró Kristopher mientras se arrodillaba frente a Chase, su polla ya dura como roca. El DILF no perdió tiempo, agarró la nuca del chiquillo y le metió la verga hasta las pelotas, ahogando sus gemidos con la mano. La saliva chorreaba por la barbilla de Kristopher mientras tragaba cada centímetro, los ojos llorosos pero la boca bien abierta, como una zorra hambrienta. Chase gruñía entre dientes, sintiendo cómo el culo apretado de su hijastro se ajustaba a su polla como un guante, las caderas chocando contra ese trasero peludo con cada embestida. El miedo a ser descubiertos los mantenía en un silencio tenso, solo roto por los jadeos ahogados y el sonido húmedo de la carne golpeando carne. Kristopher se agarraba los muslos, sintiendo cómo el semen caliente le llenaba el culo, la sensación de ser usado como un simple recipiente lo excitaba aún más. Chase no se detuvo, seguía embistiéndolo con fuerza, disfrutando de ver cómo su hijastro se retorcía de placer, los dedos clavados en la alfombra mientras intentaba no gritar. La puerta del pasillo crujió levemente, y ambos se quedaron paralizados, conteniendo la respiración. Chase se corrió dentro de Kristopher con un gruñido sordo, sintiendo cómo su leche le llenaba el culo hasta rebosar. Kristopher, con la polla aún dura, se mordía el labio inferior, imaginando qué pasaría si su padre los hubiera pillado en ese preciso momento. El pensamiento lo excitó aún más, sabiendo que el riesgo de ser descubiertos lo hacía todo más intenso.