PhantomGent se pajea lento en el sillón del jefe con riesgo de pillarlo
El sillón de cuero negro crujía bajo su peso mientras PhantomGent se acomodaba, mirando hacia la puerta entreabierta del despacho. Sus manos grandes y callosas envolvían su polla gruesa, moviéndose con una lentitud deliberada, como si cada caricia fuera un secreto a punto de ser descubierto. El sudor le perlaba la frente mientras contenía los gemidos, atento al más mínimo ruido en el pasillo. Sabía que en cualquier momento podía entrar el jefe o algún compañero, pero eso solo lo excitaba más. Sus ojos marrones brillaban con picardía mientras sus dedos apretaban más fuerte, imaginando que alguien lo observaba a escondidas. El sonido húmedo de su mano frotando su verga resonaba en el silencio del despacho, mezclándose con su respiración agitada. Sus muslos tensos y su torso marcado por horas de gimnasio se contraían con cada movimiento, mostrando el esfuerzo por mantener el control. Las gotas de sudor caían sobre su piel blanca, resbalando por sus abdominales marcados hasta perderse en la cinturilla de sus calzoncillos ajustados. Sus gemidos ahogados se volvían más intensos, pero se mordía el labio para no delatarse. El riesgo de ser pillado en pleno acto lo volvía loco, y su polla palpitaba entre sus dedos, lista para explotar. Sus caderas se levantaban levemente del sillón, buscando más fricción, más placer, mientras sus ojos no perdían de vista la puerta. El corazón le latía con fuerza, sintiendo cómo la excitación lo dominaba por completo. Sus bolas se tensaban, anunciando que estaba a punto de correrse. Con un último movimiento rápido, su polla saltó entre sus dedos, disparando un chorro espeso que manchó su vientre y sus muslos. PhantomGent se quedó quieto, respirando con fuerza, sabiendo que había escapado por poco de ser descubierto.