Fernando Brutto domina a Douglas con su polla y sus pies
Fernando Brutto no perdía el tiempo cuando quería algo, y esa noche Douglas Machado iba a aprenderlo bien. Desde que entró al cuarto, olfateó el aire cargado de sudor y excitación, con los pies descalzos de Douglas temblando sobre la cama mientras miraba su polla gruesa y venosa. 'Abre la boca, puta', le ordené, y él obedeció al instante, tragándose mi verga hasta las pelotas mientras yo le pisaba los dedos con mis pies sucios. Gemía como un cerdo cada vez que le metía la polla hasta el fondo, ahogándose con mi leche espesa cuando me corrí en su garganta. Pero no se salvó: después le obligué a chuparme los sobacos sudados, lamiendo cada gota de mi sudor mientras le humillaba con palabras. '¿Te gusta ser mi perrito, verdad?', le pregunté, y él solo asintió, con los ojos llorosos y el culo listo para lo que viniera. Lo puse a cuatro patas, le separé las nalgas y le empalé de una estocada, sintiendo cómo su agujero apretado se cerraba alrededor de mi verga. Cada embestida lo hacía gritar, pero no podía escapar: lo sujeté por el pelo y le follé hasta que su culo quedó bien roto, lleno de mi leche caliente. La próxima vez, pienso atarlo y hacerle lamer mis pies todo el día.