Gabriel Coimbra domina al novato con su verga monstruosa
La habitación está medio oscura, solo la luz de la lámpara de noche ilumina el cuerpo sudado del chiquito que tiembla frente a ti. Sientes cómo la polla te late de puro morbo al verlo de rodillas, esperando tus órdenes. Lo agarras del pelo y le ordenas que te la chupe, que te la deje bien mojada antes de metérsela hasta las pelotas. El novato obedece, gimiendo mientras su lengua recorre tu verga, pero tú no tienes piedad: le empujas la cabeza para que te la trage entera, ahogándolo hasta que las lágrimas le corren por las mejillas. Cuando está bien humillado, lo tiras sobre la cama y le abres las piernas de un tirón, mostrando su culo apretado y tembloroso. Le escupes en el agujero y le metes los dedos sin avisar, haciéndolo gritar de dolor y placer. Sientes cómo su cuerpo se tensa bajo el tuyo mientras te la clavas de una estocada, llenándolo hasta hacerle tocar el cuello del útero. El chiquito suplica que lo dejes correrse, pero tú le dices que no, que primero tiene que aguantar tus embestidas brutales. Le das nalgadas mientras lo empotras contra el colchón, escuchando cómo su respiración se acelera y sus gemidos se vuelven más desesperados. Cuando ya no aguanta más, te corres dentro de él, llenándolo de leche caliente mientras él se retuerce de placer. Al terminar, lo ves derrumbado en la cama, con la cara roja y el cuerpo cubierto de sudor, y sonríes sabiendo que nunca olvidará esta noche.