Primer plano de un latino que prueba su nueva cámara
La luz del atardecer entra por la ventana, tiñendo de dorado las paredes de mi cuarto mientras ajusto el trípode de mi nueva cámara. No debería estar haciendo esto, pero la tentación es demasiado grande: mi vecino, ese latino de ojos marrones que siempre me mira con deseo cuando nos cruzamos en el pasillo, acaba de entrar en mi habitación sin avisar. Su polla ya está dura antes de que cierre la puerta, y yo me muerdo el labio al ver cómo se desabrocha los jeans con esa sonrisa de puto dueño del mundo. 'Sabía que no podrías resistirte', murmura mientras me empuja contra la cama, y yo gimo al sentir sus manos ásperas en mis muslos. El lente captura cada detalle: sus dedos marcando mi piel, el brillo de su saliva al chupar mis pezones, el sonido húmedo de mi coño cuando introduce dos dedos de golpe. '¿Te gusta que te graben así, puta?', susurra mientras me penetra de una estocada, y yo arqueo la espalda al sentirlo hasta las pelotas. La cámara tiembla con cada embestida, grabando cómo mis uñas se clavan en su espalda y cómo su polla entra y sale de mí sin piedad. En más de 10 minutos de escena, no paramos: me hace chupársela mientras me empotra contra el espejo, y cuando me corro gritando, él me da la vuelta y me penetra por atrás sin avisar. 'Eres mía ahora', gruñe al correrse dentro de mí, y yo solo puedo gemir, sabiendo que esto está mal pero sin querer que termine.