John Gay y su culo perfecto me volvió loca de deseo
John Gay siempre me miraba en el gimnasio, sus ojos clavados en mi cuerpo mientras levantaba pesas, y yo no podía evitar sonrojarme cada vez que me pillaba observándolo. Llevábamos semanas así, un juego de miradas robadas y sonrisas cómplices que terminaron por volverme insoportable la tensión. Un día, después del entrenamiento, me acerqué a él con una excusa tonta, pero en cuanto vi su polla dura bajo el pantalón, supe que no aguantaría más. Lo arrastré a los vestuarios, donde lo empotré contra la pared y le bajé los pantalones de golpe, dejando al descubierto su culo redondo y perfecto. No perdí tiempo en arrodillarme y chuparle la polla con ganas, sintiendo cómo se endurecía aún más en mi boca. John gemía como un animal, sus manos enredadas en mi pelo mientras yo lo masturbaba con la lengua. Cuando ya no pude más, lo giré y lo hice arrodillarse, separándole las nalgas para meterle los dedos hasta que estuvo bien mojado. Lo penetré de una estocada, sintiendo cómo su culo apretado me envolvía entero, y empecé a follarlo con fuerza, escuchando sus gemidos cada vez más altos. Cada embestida me acercaba más al orgasmo, hasta que John me miró por encima del hombro y me dijo: 'Dame más duro, puta, quiero sentir cómo te corres dentro de mí'