Venti femboy se entrega a un juego prohibido en una habitación BDSM
La luz tenue de la habitación ya anunciaba el pecado antes de que Venti cruzara la puerta, su cuerpo delgado y los labios entreabiertos delataban el deseo que intentaba ocultar. Sabía que esto estaba mal, que no debía jugar con fuego, pero cuando vio las cadenas colgando del techo, algo en su pecho se aceleró. El hombre que lo esperaba, musculoso y con esa mirada de dominio que lo hacía temblar, no perdió tiempo en acercarse. Con un tirón seco, le arrancó la ropa y dejó al descubierto su piel suave, los pezones duros que pedían ser chupados, el bulto evidente bajo su ropa interior. 'No deberíamos hacer esto', murmuró Venti, pero sus palabras se ahogaron cuando unos dedos fuertes le rodearon la polla, acariciándola con un ritmo que lo hizo gemir sin control. La vergüenza se mezcló con el placer cuando lo empujaron contra la pared, las manos del otro explorando cada centímetro de su culo, separando sus nalgas para hundir un dedo húmedo en su entrada estrecha. Venti arqueó la espalda, sintiendo cómo el intruso lo preparaba con movimientos lentos pero firmes, sus músculos tensándose cada vez que el dedo entraba y salía. 'Más', suplicó sin pensarlo, y el hombre obedeció, añadiendo un segundo dedo y estirándolo sin piedad. La mezcla de dolor y placer lo volvió loco, sus piernas temblando cuando lo giraron y lo colocaron de rodillas, esa polla gruesa y venosa frente a su cara. Chupó con desesperación, sintiendo el sabor salado del líquido preseminal, sus labios apretados alrededor del tronco mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. El otro lo agarró del pelo, follándole la boca con embestidas profundas, haciendo que Venti ahogara los gemidos contra esa carne palpitante. Cuando lo levantaron y lo tiraron sobre la cama, el miedo se apoderó de él un instante, pero la excitación lo dominó cuando sintió el peso del hombre encima, esa polla rozando su entrada. 'No pares', jadeó, y con un gruñido, el otro empujó de una estocada, llenándolo por completo. El ardor lo quemó por dentro, pero el placer fue más fuerte, sus gritos ahogándose en los labios del hombre mientras lo empotraba sin descanso. Las caderas chocaban con fuerza, el sonido de la carne golpeando carne llenaba la habitación, y Venti no podía creer cómo su cuerpo respondía, su polla goteando y su culo ajustándose a cada embestida. Cuando el otro aceleró el ritmo, hundiéndose hasta hacerle tocar lugares prohibidos, Venti sintió cómo el orgasmo lo recorría, su semen explotando sobre su estómago mientras el tipo gruñía y se vaciaba dentro de él. Jadeantes, sudorosos, pero con la promesa de que esto solo era el principio. La próxima vez, no habría límites.