Malina Melendez lubrica el cuerpo de D Rock en un encuentro arriesgado
Esa tarde en el garaje, con la puerta entreabierta y el riesgo de que alguien pasara, no pude resistir la tentación de tocar el cuerpo sudado de D Rock. Sus músculos brillaban bajo la luz tenue, y mi coño se mojó al ver cómo su polla gruesa se marcaba bajo el pantalón ajustado. Le susurré que me dejara lubricarlo, y él, con esa sonrisa pícara, me dejó hacer. Mis manos resbalaban por su piel, untando el aceite caliente mientras él gemía bajito, como si no quisiera que nadie lo escuchara. Me arrodillé y le chupé la verga con ganas, sintiendo cómo se ponía cada vez más dura en mi boca. Luego, me puse a cuatro patas y le pedí que me empotrara, pero él prefirió primero lamerme el culo, metiendo su lengua hasta donde podía mientras yo me mordía los labios para no gritar. Cuando por fin me la metió, lo hizo de una estocada, llenándome entera mientras yo me agarraba a las paredes para no caer. Sus embestidas eran profundas, rítmicas, y cada vez que chocaban sus caderas contra mi culo, un escalofrío me recorría la espalda. No podía dejar de gemir, pero tenía que hacerlo en silencio, porque en cualquier momento alguien podía entrar. Al final, se corrió dentro de mí, y yo me quedé temblando, sabiendo que la próxima vez será aún más peligroso.