No estaba listo pero igual me dejé follar por estos dos sementales
—'¿Crees que puedes aguantar lo que te vamos a dar?'— me retó Navarrete mientras me agarraba del culo con esa mirada de depredador. No supe qué responder, pero sentí cómo su polla gruesa ya rozaba mi entrada, lista para romperme. Angeltacru se acercó por detrás, sus manos fuertes deslizándose por mi espalda hasta que sus dedos se hundieron en mi carne. 'Te vamos a llenar hasta que no puedas caminar', susurró Omar Castell C, y supe que no era una amenaza, sino una promesa. La primera embestida fue un choque eléctrico, su verga entrando de golpe mientras yo gemía sin control, sintiendo cómo cada centímetro me estiraba al límite. Navarrete me mordió el cuello mientras bombeaba sin piedad, sus caderas chocando contra las mías en un ritmo que me dejaba sin aliento. Angeltacru no se quedó atrás, sus dedos enredados en mi pelo mientras me obligaba a chuparle la polla, sintiendo su sabor salado y el calor de su piel. El sudor nos cubría a los tres, los sonidos de la carne golpeando entre sí llenaban el aire, y yo solo podía gemir, perdido en el placer que me consumía. Cuando por fin se corrieron, sentí el calor de su leche dentro de mí, marcándome como suyo. En el suelo, junto a la cama, quedó mi camisa rota, un recordatorio de la noche que nunca olvidaré.