El macho se comió mi culo y mi marido casi nos pilla
Esa tarde en el cuarto de la ropa, con la puerta medio cerrada, supe que no podía resistirme más. Moreno Bissex entró como un toro, sus manos ásperas apretándome las nalgas mientras me susurraba que nadie nos oiría. Mi coño ya estaba empapado antes de que su lengua rozara mi culo, lamiéndome con ganas mientras mi marido estaba en el garage. Cada lamida me hacía gemir más fuerte, pero tenía que ahogarme contra la almohada, escuchando si venían pasos. Cuando al fin me penetró, su polla dura y gruesa me abrió de golpe, llenándome hasta que sentí cada centímetro. Me movía despacio para no hacer ruido, pero mis tetas rebotaban contra sus manos mientras me agarraba los pezones. El peligro de que mi marido entrara me ponía más caliente, y cuando Moreno me corrió dentro, tuve que morderme el labio para no gritar. Al final, cuando se fue, vi a mi marido en el pasillo... y su mirada me dijo que había escuchado todo.