Pedro Juan domina a Kallel en un juego de provocación y sumisión
Esa tarde en el cuarto, Kallel se paseaba frente a mí con su ropa ajustada, rozándome cada vez que pasaba, enviándome fotos de su culo perfecto mientras yo me moría de ganas. Mi polla ya estaba dura antes de que él siquiera me tocara, pero el muy cabrón sabía jugar sucio. Se arrodilló frente a mí, chupándome despacio, mirándome con esos ojos de puta sumisa mientras sus manos recorrían mis muslos. No aguanté más y lo empujé contra la pared, bajándole los pantalones de golpe para meterle mi verga hasta las pelotas. Sus gemidos resonaban en la habitación mientras yo le agarraba el pelo, follándolo con fuerza, sintiendo cómo su culo apretado me envolvía entero. Cuando ya no pude más, lo hice arrodillarse otra vez y le corrí toda la cara, marcándolo como mío. La próxima vez, pienso atarlo para que no escape de lo que le espera.