El femboy me dejó con la polla dura y el culo mojado
Diego siempre fue un provocador, pero hoy cruzó la línea que no debía. Desde que entró al gimnasio con esos leggings ajustados, supe que era problema. Cada flexión, cada gota de sudor resbalando por su espalda, me volvía loco. Hoy, cuando se quedó solo en los vestidores, no pude resistir. Lo empujé contra los casilleros, le bajé los pantalones de un tirón y le metí la mano entre las nalgas. Su culo estaba caliente, suave, y cuando le metí un dedo, gimió como una perra en celo. Le dije que esto estaba mal, pero él solo se mordió el labio y me miró con esos ojos de puta. Le subí la polla, le escupí en el agujero y se la metí de una estocada. Diego gritó, pero no para que me detuviera, sino para que le diera más fuerte. Lo empotré contra la pared, sintiendo cómo su culo se apretaba alrededor de mi verga. Cada embestida lo hacía gemir más fuerte, y cuando le agarré el pelo y le dije que era mi puta, se corrió sin tocarse. Yo no aguanté más, le saqué la polla y le llené el culo de leche caliente. Se quedó temblando, con mi semen escapándose entre sus nalgas, y yo solo pensé en que esto no podía volver a pasar... pero ya sabía que mentía.