Nyck Coradin te desafía a domar su culo rebelde hasta que gima sin control
Te la encuentras retándote con esa mirada de diablilla, el culo en pompa y los dedos hundidos entre sus labios mojados, rogando por probar si en verdad puedes aguantar su ritmo. Le agarras las nalgas con fuerza mientras ella se arquea, sintiendo cómo tu polla dura se hunde entre sus pliegues hasta que las caderas chocan, y entonces gime tu nombre como un rezo. Te escupe en la mano para que le lubricaste el culo, porque sabe que quieres romperla ahí, y cuando por fin la empotras contra la pared con una embestida seca, el gritito que suelta te confirma que no esperaba esta furia. Le tomas el pelo mientras te la chupas con ansias, masajeando tus huevos contra su mentón para que entienda que esto es una competencia, y cuando la volteas para penetrarla por detrás, el choque de carne resuena en toda la habitación. Le susurras al oído que si se viene antes de que tú lo digas, pierde, y eso la enciende tanto que aprieta las sábanas con los dientes, mordiéndose el labio para contenerse. La sacas sudada y brillante, la pones a cuatro patas y le abres el culo con los dedos antes de hundirte de golpe, sintiendo cómo su piel se estremece con cada embestida. Las gotas de sudor caen sobre su espalda mientras le das nalgadas para marcar el ritmo, y cuando por fin le das permiso de correrse, el gemido que suelta al explotar, con los muslos temblando y la vagina pulsando alrededor de tu polla, te confirma que esta ronda la ganaste tú. Pero ella ya te mira con esa sonrisa traviesa, sabiendo que en la próxima será su turno de venganza