Kai Kemi y el video prohibido que nadie debe ver
La luz del atardecer se colaba por las cortinas, pintando la habitación de tonos cálidos mientras yo me retorcía en la cama, sabiendo que esto estaba mal pero necesitando más. El video de verificación se había convertido en algo sucio, en un juego peligroso que no podíamos evitar. Kai Kemi estaba de rodillas frente a mí, esos dedos largos y hábiles recorriendo mi piel mientras su boca se acercaba a mi coño mojado, y yo gemí sin poder contenerme, sintiendo cómo el calor me quemaba por dentro. Sabía que éramos filmadas, que alguien podría vernos, pero eso solo me ponía más caliente, más descontrolada. Sus labios se cerraron alrededor de mi clítoris y succionó con fuerza, haciendo que arqueara la espalda y clavara las uñas en sus hombros. La cámara seguía grabando, capturando cada gemido, cada movimiento, cada gota de placer que escapaba de mí. Kai Kemi introdujo dos dedos en mi coño sin avisar, curvándolos justo donde más lo necesitaba, y yo solté un grito ahogado, sintiendo cómo mi cuerpo se tensaba alrededor de ellos. No podía parar, aunque sabía que esto era una putada, aunque la culpa me quemaba tanto como el deseo. Sus dedos me follaban con ritmo implacable mientras su lengua trabajaba sin descanso, y yo me movía contra su cara, desesperada por más. La cámara seguía ahí, grabando cada instante, cada sonido obsceno que escapaba de mis labios. Cuando llegué al orgasmo, fue tan intenso que vi estrellas, mi coño apretándose alrededor de los dedos de Kai Kemi mientras el líquido caliente se derramaba entre mis muslos. La pantalla se quedó en negro, pero el recuerdo de ese video prohibido se quedó grabado en mi mente, prometiendo que la próxima vez sería aún más sucio.