Follando en un café público con lo que más quería
Trajé mi vestido más ajustado, sabiendo que él no podría resistirse a mis tetas rebosando del escote, igual que yo no aguantaba más sus miradas robadas bajo la mesa en los últimos días. La tensión se acumuló hasta que, entre el ruido de las tazas y los susurros, me llevó al baño trasero, donde me empujó contra el lavabo, levantándome la falda con dedos temblorosos mientras su polla dura como piedra presionaba mi culo. Me mordí el labio al sentir cómo entró de una estocada, sin dejar nada fuera, mientras sus gemidos ahogados se mezclaban con el chorro del agua que corría para disimular. Mi coño chorreaba tanto que sus huevos se bañaban en mí cada vez que embestía, hasta que los azulejos nos temblaron con sus sacudidas, marcados para siempre por mis uñas. Nos corrimos juntos en más de once minutos de escena, él gimiendo mi nombre contra mi cuello y yo apretando sus caderas con las piernas, sin soltarme ni cuando escuchamos pasos afuera. Quedó mi tanga enredado en los tobillos, empapado de lo nuestro, mientras él seguía jadeando en mi oído: 'No puedo parar, pero nos verán'.