Chico afeminado en búnker me monta mientras tememos ser vistos
Aquella tarde en el refugio subterráneo el chico afeminado se acercó sigiloso y me rozó la polla por encima de los pantalones mientras escuchábamos pasos lejanos en el pasillo. Yo lo empujé contra la pared metálica y le bajé los pantalones ajustados para meterle dos dedos en el culo apretado que ya chorreaba de anticipación. Sus gemidos quedaban ahogados contra mi mano mientras frotaba mi polla dura entre sus nalgas y revisaba la puerta cada pocos segundos por si alguien entraba de improviso. Lo giré de espaldas y se la clavé de una estocada profunda que lo hizo arquearse y morderse los labios para no gritar. Seguimos follando de pie con las orejas atentas a cualquier ruido exterior mientras yo le sujetaba las caderas y le embestía sin parar sintiendo cómo su interior se contraía alrededor de mi verga. El chico se corrió primero soltando un chorro que manchó el suelo de cemento y yo seguí bombeando hasta vaciarme entero dentro de él con las pelotas pegadas a su piel. Nos separamos de golpe al oír voces cercanas y él se subió los pantalones con prisas dejando una mancha húmeda en la tela interior que quedó tirada junto a la litera.