Dai Belan se exhibe en cámara para un hombre casado
La habitación estaba oscura, solo la luz tenue de la pantalla iluminaba mi cuerpo desnudo frente a la cámara. Sabía que él estaba casado, que su mujer ni siquiera sospechaba que su marido me miraba mientras me tocaba. Me encantaba esa idea, el peligro de ser descubierta, el morbo de que otro hombre me deseara a escondidas. Empecé despacio, rozando mis dedos por los labios de mi coño ya mojado, gimiendo bajito para que él lo escuchara. Me puse de rodillas, arqueando la espalda para que viera bien mis tetas, y me metí dos dedos hasta el fondo mientras me mordía el labio. Él me escribía cosas sucias, pidiéndome que me corriera para él, y yo lo hacía, moviendo las caderas al ritmo de sus palabras. En más de 10 minutos de escena, me masturbé como una perra en celo, chupándome los dedos y gimiendo fuerte, imaginando que era su polla la que me llenaba. Al final, cuando me vine, le mandé una foto de mi coño chorreando, sabiendo que la guardaría como un secreto sucio. La próxima vez, voy a hacer que me grabe mientras me folla, para que su mujer nunca se entere.