La pelirroja desafió al boliviano a un reto sexual en la entrada
Esa tarde en la entrada del edificio, después de un baile que les encendió la sangre, Valery Guadalupe no pudo evitar retar al Casanova Boliviano a ver quién aguantaba más. '¿Crees que puedes manejarme?', le susurró mientras su mano se deslizaba entre sus muslos, ya húmedos de anticipación. Él, con esa sonrisa de satisfacción, le respondió que no solo podría manejarla, sino que la haría rogar por más. La pelirroja, con sus pechos firmes y su cuerpo temblando de excitación, lo empujó contra la pared mientras le bajaba el pantalón de un tirón. Su polla, gruesa y palpitante, quedó a la altura de su boca, lista para ser devorada. Con un gemido ahogado, Valery se la metió entera hasta la garganta, chupando con fuerza mientras sus manos apretaban sus nalgas. Él, sin perder tiempo, le arrancó el vestido, dejando al descubierto sus tetas duras y su coño ya chorreando. La empotró contra la pared, clavándosela de una estocada hasta que sus caderas chocaron con fuerza. Cada embestida era más profunda, más salvaje, haciendo que ella gritara como una loca. '¡Más fuerte, hijo de puta!', le exigía, mordiendo su hombro mientras él la penetraba sin piedad. Sus jugos resbalaban por sus muslos, mojando sus pelotas mientras él la follaba como si no hubiera mañana. En más de 10 minutos de escena, la pelirroja terminó de rodillas, tragándose su corrida mientras él se reía de su propia victoria. El Casanova Boliviano, con una sonrisa pícara, se limpió la boca y salió caminando, dejando a Valery temblando de placer y frustración.