Lellopisello muestra su polla en un desafío caliente
—¿Ves lo que tienes que aguantar?— Lellopisello sonríe mientras se baja los pantalones, dejando al aire su verga gruesa y venosa. Lleva semanas provocándolo, mandando fotos de su cuerpo sudado, rozándose contra él en el pasillo, siempre con esa mirada de desafío. Hoy no hay escapatoria: lo arrastra al baño, le baja los calzoncillos de un tirón y le agarra el culo con fuerza. Lellopisello gime cuando siente los dedos húmedos explorando su entrada, pero no se deja dominar—lo empuja contra la pared y le clava la lengua en la boca mientras su polla roza el muslo del otro. El calor entre los dos es insoportable, la piel pegajosa de sudor y el sonido de los gemidos rebota en las baldosas. Lellopisello muerde el cuello del otro mientras se frota contra su cuerpo, sintiendo cómo su verga se endurece más con cada roce. No aguanta más y lo gira, obligándolo a arquear la espalda para que su culo quede bien abierto. Con un movimiento rápido, le clava la polla hasta las pelotas, haciendo que el otro grite y se agarre a los azulejos. Las embestidas son brutales, cada impacto hace temblar las piernas del otro, que solo puede gemir y pedir más. Lellopisello lo agarra del pelo, tirando hacia atrás para que sienta cada centímetro de su verga dentro, y cuando el otro ya no puede más, le llena el culo con su leche caliente. Respira agitado, pero lo que más le excita es la mirada de satisfacción de Lellopisello, que sigue sonriendo como si hubiera ganado una apuesta. Piensa que, aunque le duela el culo, volvería a caer en su juego una y otra vez.