La venganza de mi ex en mi propia cama
Esa noche en mi apartamento, ella llegó con la mirada de quien viene a cobrar algo. Sabía que mi ex había estado follando con otro, pero no imaginaba que iba a usar mi cuerpo para vengarse. Me empujó contra la pared, sus uñas arañando mi pecho mientras su boca buscaba la mía con furia. Sus manos bajaron mi pantalón de un tirón, y cuando mi polla quedó libre, la agarró con fuerza, apretando hasta hacerme gemir. "Te voy a hacer sentir lo mismo que él me hizo", susurró antes de arrodillarse y meterse mi verga hasta la garganta. Sus labios apretados, su lengua jugueteando con el glande, y yo agarrando su pelo para empujar más adentro. Cuando la saqué, su saliva colgando de mi polla, me miró con odio y se subió a la cama, abriendo las piernas para mostrarme su coño mojado. "Ahora tú me vas a follar como él nunca pudo", dijo, y yo no dudé en clavársela de una estocada, sintiendo cómo su calor me envolvía. Cada embestida era más fuerte, sus gemidos llenando la habitación mientras mis manos apretaban sus caderas. Cuando llegó al orgasmo, gritó mi nombre, pero yo no me detuve, follándola más duro hasta que mi leche le llenó el vientre. "¿Te gustó, perra?", le pregunté mientras se desplomaba en la cama, jadeando. "Sí, pero no fue suficiente", respondió, y yo solo sonreí, sabiendo que esto no había terminado.