Mi coño ardía de ganas y no aguante más, ¡mi marido se lo comió todo!
Llevaba días mirándolo con deseo, rozándome contra él en la cocina, en el sofá, hasta que por fin no pude más. Mi coño estaba empapado, latiendo como un corazón desbocado, y cuando mi marido me atrapó contra la pared, su lengua no perdonó ni un rincón. Gemí como una loca mientras me chupaba el clítoris, mordisqueando mis labios, hasta que me corrí en su boca y él se lo tragó todo. Pero eso no fue suficiente, porque mi cuerpo pedía más. Lo empujé hacia el suelo y me monté sobre su polla dura, sintiendo cómo me llenaba hasta las entrañas. Cada embestida me hacía gritar, el sonido de nuestros cuerpos chocando resonaba en la habitación. No paré hasta que sentí que me iba a reventar, hasta que su leche caliente me inundó por dentro. Ahora solo pienso en cuándo volverá a pasar.