La emperatriz te provoca hasta que pierdes el control en el harén
El roce de sus tetas turgentes contra tu pecho te hace perder el hilo de la conversación, pero ella ya sabe lo que hace: lleva horas restregándose contra ti, enviándote fotos de su coño mojado, rozando sus labios con los dedos mientras te mira fijamente. La tienes frente a ti, vestida con un kimono transparente que apenas cubre sus pezones duros, y cada movimiento es una provocación calculada. Cuando por fin la agarras de la cintura y la empujas contra la pared, ella suelta un gemido ahogado, pero no se resiste: sabe que esto era lo que quería. Sientes cómo su coño se contrae alrededor de tu polla al entrar, caliente y resbaladizo, y ella arquea la espalda mientras te clava las uñas en los hombros. Sus gemidos se vuelven más fuertes cuando empiezas a embestirla con fuerza, sintiendo cómo sus muslos tiemblan alrededor de tu cadera. La levantas en el aire y la empotras contra la pared, sintiendo cómo su coño se aprieta más con cada embestida, hasta que por fin explota en un chorro caliente que te moja hasta las pelotas. Cuando la dejas caer sobre la cama, su kimono está hecho jirones y hay una mancha húmeda en las sábanas de seda.