Dai Belan se deja empotrar en la cocina con su minifalda
La cocina estaba en silencio, el sol de la tarde entraba por la ventana y el olor a café recién hecho llenaba el aire cuando Paulinho Da Praia Grande apareció detrás de mí sin avisar. Sentí sus manos ásperas agarrando mis caderas antes de que pudiera reaccionar, y supe que esto estaba mal, pero mi coño ya estaba mojado de solo imaginar lo que vendría. Me empujó contra la mesa, levantando mi minifalda con un tirón brusco, y su polla dura presionó contra mi culo antes de que pudiera protestar. Sabía que no debíamos, que alguien podía entrar en cualquier momento, pero el riesgo solo me excitaba más. Sus dedos se clavaron en mi piel mientras me penetraba de una estocada, llenándome hasta que sentí cada centímetro de su verga gruesa. Gemí sin poder contenerme, y él me tapó la boca con una mano mientras seguía embistiéndome con fuerza, sus pelotas chocando contra mi clítoris hinchado. El sonido de la carne golpeando carne resonaba en la cocina, y el sudor empezó a correr por mi espalda mientras él me follaba como si no hubiera un mañana. Cuando sentí que me corría, él me sacó justo a tiempo, y su leche caliente salpicó mis tetas, manchando mi blusa blanca. Respiré agitada, sabiendo que la próxima vez sería peor, porque ya no podría parar.