Sofa Weber meando en público mientras coquetea con la cámara
Empinándome sobre los tacones, siento cómo la orina empieza a brotar caliente entre mis piernas mientras aprieto las nalgas para que el chorro golpee justo donde quiero. Me encanta jugar con el riesgo, ver cómo la gente pasa cerca sin sospechar que bajo mi falda, mi concha está humedeciéndome los muslos con cada gota que cae. Llevaba horas imaginando este momento, fantaseando con que algún hombre me obligara a arrodillarme y lamer su verga dura a cambio de poder soltarlo todo sin que nadie me detenga. Pero hoy soy yo quien manda, y aunque mi coño late de necesidad, me niego a correrme hasta que la cámara me lo ordene. Cada vez que el chorro se debilita, aprieto más fuerte, gimiendo en silencio para que la gente no note el placer que me recorre cada vez que el líquido salpica mis zapatos. Me encanta la sensación de poder, ver cómo mi cuerpo responde como una perra sumisa aunque sea yo quien controla el juego. Cuando por fin siento que no aguanto más, meto los dedos hasta el fondo de mi coño mojado y me masturbo contra el azulejo frío, rogando en mi mente que alguien me atrape y me folle ahí mismo, con la orina aún goteando por mis muslos.