Aquella tarde me folló en el baño de la oficina prohibido
Era un martes aburrido en la oficina cuando él entró al baño de mujeres sin avisar, cerrando la puerta con llave mientras mi coño se mojaba al instante. Sabía que esto estaba mal, que alguien podía descubrirnos, pero no pude evitarlo cuando me empujó contra la pared y me levantó la falda con sus manos ásperas. Sentí su polla dura rozando mi culo antes de que me penetrara de una estocada, llenándome entera mientras gemía en su hombro. El sonido de sus caderas chocando contra mi culo resonaba en el pequeño espacio, y cada embestida me acercaba más al borde. Sus dedos apretaban mis tetas con fuerza mientras me susurraba obscenidades al oído, haciendo que mi coño se contrajera alrededor de su verga. El placer era tan intenso que no pude evitar correrme, gritando su nombre mientras me llenaba de su leche caliente. Sabía que esto estaba mal, pero no podía parar, no quería que terminara nunca.