Fetichismo extremo con Andremedeirosmartins y sus obedientes sumisos
Muerdo el labio hasta sangrar mientras veo cómo Andremedeirosmartins me arrastra de rodillas, sus uñas marcando mi piel como un castigo divino. Su polla dura brilla ante mis ojos, y sé que hoy no habrá piedad: cada orden será una humillación, cada gemido mío, su victoria. Me obliga a abrir la boca de una patada, y cuando la empuja hasta el fondo, mis lágrimas corren mezcladas con saliva espesa. Sus dedos agarran mi pelo, tirando hacia atrás mientras me ahoga con cada embestida, exigiendo que trague todo, que no desperdicie ni una gota. El dolor me quema, pero mi coño arde más, mojado y traicionero, porque a pesar del asco, mi cuerpo responde. En un arrebato de sadismo, me levanta y me empala en el sofá, sus caderas chocando contra las mías hasta que mis gritos se vuelven roncos. Me ordena que suplique por su leche, que le diga qué puta inútil soy, y aunque me duele admitirlo, lo hago, jadeando descontrolada mientras su semen me llena sin permiso. Se corre dentro de mí con un gruñido de triunfo, y justo cuando creo que terminará, me da vuelta para empotrarme otra vez, esta vez como castigo por atreverme a disfrutar. Sus embestidas son tan brutales que siento cómo rompe algo dentro, pero no importa: solo importa que me use, que me destruya, que me recuerde quién manda aquí. Y cuando por fin se corre de nuevo, lo hace con un rugido que me atraviesa, dejándome temblando y rota, pero completamente suya.