Assilille se toca con los dedos mientras se mira al espejo
El vaho empaña el espejo del dormitorio, pero Assilille no lo nota, demasiado ocupada mordiéndose el labio mientras sus dedos resbalan entre los pliegues húmedos de su coño. Lleva días imaginando este momento, desde que sus miradas se cruzaron en el pasillo, desde que sus manos se rozaron "accidentalmente" al pasar, desde que el aire se volvió espeso entre ellas. Ahora, sola en su habitación, aparta las bragas con dedos temblorosos y se abre bien de piernas, gimiendo al primer contacto con el clítoris hinchado. Sus uñas pintadas de rojo se hunden en los muslos mientras introduce dos dedos en su coño apretado, sintiendo cómo sus paredes lo envuelven con fuerza. Se inclina hacia adelante, el espejo le devuelve una imagen de puro deseo: sus tetas rebotando, su cara enrojecida, los labios separados en un jadeo constante. Acelera el ritmo, sus caderas levantándose para encontrar el ángulo perfecto, los dedos trabajando sin piedad hasta que siente el orgasmo acercándose. Las piernas le tiemblan cuando el placer estalla, sus dedos se quedan quietos dentro de ella mientras todo su cuerpo convulsiona, los gemidos ahogados en el pelo que le cae sobre la cara. Lo último que ve antes de cerrar los ojos son sus propias manos, brillantes de su propio jugo, todavía hundidas en su coño palpitante.