Mi marido apostó que me convertiría en una puta, ahora me graba haciendo lo que sea
Él siempre ha querido una mujer descarada, pero yo era demasiado tímida para sus gustos, hasta que un día se le ocurrió grabarme para verme «aprender» a follar. La primera vez que me vio masturbarme con las bragas puestas, se le puso dura como piedra y me desafió: «Si quieres que te folle como mereces, demuéstrame que puedes ser una perra». Yo, con mi coño ya mojado de solo pensarlo, acepté el reto. Empecé despacio, acariciándome los pechos frente a la cámara, pero en menos de 5 minutos ya estaba empalada en mi dedo, gimiendo fuerte mientras me lo metía hasta las pelotas. Él no podía creer lo rápido que me excitaba, pero yo quería más: me cambié a ropa más provocativa, como él la llamaba, y me tiré al suelo de rodillas, abriéndome el coño con mis manos mientras me corría sin parar. Para él fue un shock ver cómo me volvía loca tocándome, pero esto apenas empieza. La próxima vez, juro que voy a dejarlo sin habla.