Bleubrutal y Rosebrutal se retan a follar hasta el amanecer
La habitación olía a whisky barato y sudor cuando Bleubrutal cerró la puerta tras de sí, desafiando a Rosebrutal con una sonrisa torcida. '¿Crees que puedes manejar lo que te espera?', le escupió ella mientras se desabrochaba el pantalón, dejando al descubierto su polla ya dura. Él no se amilanó: 'Te haré rogar antes de que amanezca', respondió, tirando de su blusa para exponer sus tetas firmes. Rosebrutal le empujó contra la pared, sus labios chocando con violencia mientras sus manos bajaban hasta su culo, apretando con fuerza. Él gruñó al sentir sus uñas marcándole la espalda, pero no se detuvo: la levantó de golpe y la empotró contra el colchón, su coño mojado recibiendo la primera embestida de una. Ella gimió, pero no se rindió, arqueándose para clavarle los dientes en el hombro. 'Más fuerte', exigió, y él obedeció, follándola sin piedad hasta que sus caderas chocaron contra las suyas. Rosebrutal jadeó, pero no se corrió, no aún: lo apartó de un empujón y lo obligó a arrodillarse, su polla palpitante frente a su boca. 'Ahora chúpame como si tu vida dependiera de ello', ordenó, y él no tuvo más remedio que obedecer, tragando su verga entera de golpe. El sonido de sus succiones llenó la habitación mientras ella se retorcía, hasta que finalmente, con un gemido ahogado, él se corrió en su garganta. Pero la noche no había terminado: Rosebrutal lo empujó sobre la cama, montándolo a horcajadas, su coño chorreando sobre su polla ya dura otra vez. '¿Ves?', susurró, 'todavía no he terminado contigo'. Y así, entre gemidos y sudor, la revancha sexual continuó hasta que el sol asomó por la ventana, dejando una mancha de semen seco en la sábana.