Rokkuman se pone salvaje con su cosplay de superhéroe
La habitación estaba medio oscura, con solo el brillo de la pantalla reflejándose en las paredes mientras la música de fondo subía y bajaba como si supiera lo que iba a pasar. Ahí estaba ella, vestida con ese traje ajustado de superhéroe que apenas cubría lo que debía, mostrando sus curvas como si fueran un regalo. Yo ya llevaba minutos mirando cómo se movía, cómo se mordía el labio al ajustarse las medias, y mi polla se endurecía sin que pudiera controlarlo. Sabía que esto estaba mal, que no debería pensarlo, pero cada vez que la veía así, en ese traje, no aguantaba. Me acerqué sin avisar, le di un tirón hasta pegar su cuerpo al mío, y sentí cómo su respiración se cortaba de golpe. Mis manos no perdonaron: le bajé la cremallera del traje, le metí los dedos entre las piernas y noté lo mojada que estaba, como si ella también supiera que esto iba a pasar. No importó que me dijera que no, porque su cuerpo gritaba otra cosa, y cuando la empujé contra la pared, sus piernas se abrieron sin que yo tuviera que pedirlo. La levanté de golpe, la senté sobre mi polla y la empotré contra la pared una y otra vez, escuchando sus gemidos que se mezclaban con los golpes de su culo contra mí. Cada vez que la penetraba, ella se arqueaba, clavándome las uñas en los hombros mientras suplicaba que no parara. Le mordí el cuello, le agarre las tetas con fuerza, y cuando ya no pude aguantar más, me corrí dentro de ella, sintiendo cómo su coño se apretaba alrededor de mi verga. Cuando la dejé en el suelo, ella se quedó temblando, con los ojos vidriosos y la ropa hecha un desastre, pero no dijo nada. Sabía que lo disfrutó tanto como yo, aunque nunca lo admitiría en voz alta.