Llamasr y yo jugamos a seducirla hasta que ya no aguantó más
Ese día en mi departamento, solo llevaba un babydoll transparente porque sabía que ella no podría resistirse a verme así, con las tetas casi al aire y el culo respingón asomándose entre la telita blanca. Empecé por mandarle fotos de mi coño mojado mientras me masturbaba con los dedos, solo para volverla loca, y cuando llegó, se quedó mirándome con los ojos bien abiertos, como si no pudiera creer lo que veía. Sabía que me deseaba, pero quería que sufría un poco más, así que me acerqué despacio, rozando mi cuerpo contra el suyo mientras le susurraba al oído lo que le haría después. Llamasr no aguantó ni dos minutos antes de que me empujara contra el sofá, bajándose los pantalones de un tirón para sacar su verga dura, grande y lista para mí. Me abrió las piernas con fuerza, metiendo los dedos primero para asegurarse de que estaba bien lubricada, y cuando vio lo mojada que estaba, gruñó con ganas antes de clavármela de una estocada, tan profundo que hasta sentí el cuello del útero. Empezó a embestirme con fuerza, agarrándome de las caderas para marcar el ritmo, mientras yo gemía como una perra en celo, pidiéndole que me diera más duro, que me destrozara el coño hasta que no pudiera caminar. Llamasr obedecía, metiendo y sacando su polla como si fuera un martillo, hasta que al final no pudo más y se corrió dentro de mí, llenándome entera con su leche espesa. Me dejó temblando, con las piernas temblorosas y el coño palpitando, pero lo que más me excitó fue ver su cara de satisfacción, sabiendo que había logrado lo que yo quería: que perdiera el control por completo.