Un toque mágico en el sauna de un club de intercambios
Resbala la mano sobre el cuerpo sudoroso de ella mientras las luces tenues del sauna iluminan los suspiros contenidos, el riesgo de que alguien entre está latente, las puertas de cristal son tan finas que hasta los gemidos ahogados podrían alertar a los demás. Ella se mordisquea el labio inferior mientras las yemas de los dedos de él dibujan círculos húmedos sobre sus pezones, el calor del ambiente no es nada comparado con el fuego que crece entre piernas, el vaho que emana de sus bocas se mezcla con el aroma a sexo que empieza a impregnar el ambiente. La piel brilla bajo la luz tenue, cada gota de sudor resbala entre sus tetas mientras él se inclina para chupar con fuerza uno de ellos, el sonido húmedo hace que ella arquee la espalda, las pastillas de jabón yacen abandonadas en el suelo, ya no necesitan más que el contacto entre la piel. Las manos de ella se aferran a la polla dura de él, los dedos enredados entre los rizos de vello púbico, el tacto es suave pero firme, y cuando empieza a mover la mano con ritmo, él gruñe bajito, casi en un susurro, como si temiera que alguien los escuchara. Las paredes vibran con cada toque, el vapor del sauna se espesa, el rincón donde están es una masa de carne caliente, las piernas de ella se abren más, los dedos de él se entierran en su culo mientras empuja hacia adelante, la penetración es lenta pero profunda, cada embestida la hace ahogar un gemido, él la agarra del pelo y tira hacia atrás, la boca de ella se abre en un grito mudo, las paredes del coño se ajustan a la polla como un guante mojado. El sonido de la carne al chocar es casi más fuerte que el latido acelerado de sus corazones, el sudor cae en goterones, las respiraciones son cortas, los músculos se tensan, y cuando él acelera el ritmo, ella se agarra a los hombros de él, las uñas se clavan en la piel, el calor es insoportable, el placer es demasiado, y justo cuando las puertas del sauna crujen, como si alguien estuviera por entrar, él la gira de golpe, la empuja contra la pared y la embiste con fuerza, el choque de las caderas resuena en el silencio del lugar, ella muerde un trapo para no gritar, el orgasmo llega como un rayo, los fluidos resbalan por los muslos de ella, las piernas le flaquean, el mundo se nubla, y en medio del vértigo, solo queda el sonido de sus corazones latiendo como locos, el peligro de ser descubiertos aún flotando en el aire.