Morena medieval pidiendo que la llenes de leche con la polla gigante
La armadura chocaba contra las paredes del castillo mientras avanzabas, sintiendo el peso de su mirada sobre ti desde hacía días. Ella no podía dejar de rozarse contra la mesa, mojada desde que te vio llegar con esa polla marcada bajo el pantalón. La tensión había crecido entre ustedes, miradas robadas en los pasillos, dedos que se rozaban 'sin querer' al pasar. Ahora, con los pechos apretados en ese corsé, te arrastras hasta ella y le desatas las tiras con los dientes, dejando que los melones caigan libres. Sientes cómo se estremece cuando le pasas la lengua por el cuello, bajando hasta chupar esos pezones rosados que piden atención. La volteas de golpe, apartando la falda para ver ese culo redondo, perfecto para romperlo con una sola embestida. La agarras de las caderas y te entierras hasta hacerla gritar, sintiendo cómo ese coño ajustado te aprieta mientras la empotradas contra la mesa. Cada gemido tuyo la vuelve más loca, y cuando te sacas para clavarte en su culito virgen, ella arquea la espalda pidiendo más, más rápido, hasta que te corres a chorros en su interior, llenándola toda. Ya sabes que la próxima vez será aún más salvaje cuando la amarren y te dejen hacer lo que quieras con ella, sin importar cuánto griten los guardias.