Chica gótica de culo gordo y polla artificial para venganza
Esa tarde en mi cuarto, la muy puta entró con su culo apretado y las medias rotas, buscando que le partiera el coño después de que su ex le mintiera. Yo ya tenía la verga de silicona lista, brillante de lubricante, y la empujé contra la pared para que sintiera cada centímetro entrando hasta que le dolió. Ella gimió como una perra en celo, con los muslos temblando, mientras yo le metía la polla falsa hasta que el coño le ardía. La volteé y le abrí el culo, metiendo los dedos primero para que se mojara bien antes de empotrarla de una estocada. Cada vez que le clavaba la verga artificial, ella gritaba el nombre de su ex, como si eso la excitara más, pero yo solo quería que sufriera igual que él. La hice arrodillarse y le metí la polla en la boca, ahogándola con cada embestida hasta que le saltaron las lágrimas. Cuando me corrí en su cara, manchándole los labios morados de maquillaje, ella se limpió con los dedos y se los chupó, como si eso fuera lo único que le importaba. Su ex nunca la folló así, pero ahora sabe que yo sí.