Jill valentine recibe una mamada lenta y sucia
La rubia de ojos azules se arrodilló frente a él con esa sonrisa perra que tanto le ponía, mordiendo el labio mientras sus dedos ágiles le bajaban el pantalón negro ajustado de su traje táctico. Al liberar esa polla gruesa y palpitante entre sus labios rojos, Jill no pudo evitar gemir con voz ronca, sintiendo cómo el calor húmedo de su boca la envolvía al instante mientras chupaba con movimientos lentos y bien calculados. Él le agarró la coleta rubia y le empujó la cabeza contra su entrepierna, obligándola a tragar cada centímetro de carne caliente y venosa hasta que sus huevos le rozaron la barbilla. La saliva le resbalaba por el mentón mientras ella lo trabajaba con la lengua, lamiendo el glande hinchado y las venas marcadas antes de bajar hasta los huevos, que masajeaba con suavidad antes de volver a engullirlo entero. Jill jadeaba con los ojos vidriosos, los pechos apretados contra el suelo, sintiendo cómo cada embestida imaginaria le mojaba el coño dentro de ese ajustado uniforme rojo. Cuando él le agarró la cabeza con más fuerza y empezó a bombearle la garganta sin piedad, ella no opuso resistencia, dejando que le llenara la boca hasta ahogarla, con los sonidos húmedos de los chupeteos mezclándose con los gruñidos masculinos de puro placer. El líquido espeso le resbaló por los labios cuando la sacó de golpe, pero antes de que pudiera recuperarse, Jill se lanzó a lamerle toda la polla de arriba abajo, limpiando cada gota de pre-semen que brotaba de la punta antes de volver a metérselo hasta la garganta. Él se corrió con un rugido, disparando chorros calientes y espesos que le llenaron la boca hasta rebosar, obligándola a tragar cada gota mientras gemía de placer con la garganta llena. Jill se limpió los restos con los dedos y se pasó la lengua por los labios, mirándolo con esos ojos azules brillantes mientras se lamía los labios con satisfacción, sabiendo que acababa de dejarlo más tieso que nunca.