Madrastra madura empotra a su hijastra con pollón
La madastra llevaba semanas mirando de reojo cómo su hijastra se movía con ese culito prieto y esos pechos que rebotaban bajo la blusa ajustada. Cada vez que la chica pasaba cerca, el viejo le resbalaban los ojos por ese cuerpo de diosa que ya no podía ignorar. Hoy no habría excusas: la puerta del baño quedó entreabierta y ella, sin pensarlo dos veces, se quitó el vestido dejando al descubierto unas tetas enormes que le temblaban al ritmo de su respiración acelerada. El viejo, con esa verga gruesa como un mango que le colgaba entre las piernas, no pudo resistirse y la agarró de la cintura clavándola contra el lavabo mientras le bajaba las bragas mojadas de golpe. La hijastra, con los ojos vidriosos y los labios entreabiertos, sintió el primer envite cuando la gruesa cabeza de su madastra le abrió el coño de par en par, arrancándole un gemido gutural que resonó contra los azulejos. La polla entraba y salía con fuerza, empapando el pubis de la chica con los jugos que le resbalaban por los muslos mientras el viejo le susurraba al oído que esa vez no se iría sin llenarla hasta el fondo. Ella, entre jadeos y maldiciones, le clavó las uñas en los hombros mientras el calor del coño le quemaba la verga, notando cómo cada embestida le llegaba hasta la garganta. Los pechos le rebotaban sin control, el culo se le ponía rojo de tanto azote y el sonido de los cuerpos chocando llenaba la habitación hasta que, con un último empujón brutal, el viejo se enterró hasta las pelotas y la inundó con un chorro espeso que le resbaló por las piernas hasta formar un charco en el suelo. La hijastra, temblorosa y con la boca llena de babas, no pudo evitar soltar un suspiro de satisfacción mientras notaba cómo la leche le goteaba entre los muslos, dejando claro que esta vez sí había quedado bien reventada.