Chica gótica de pelo plateado te deja seco hasta el último gota
Él siente el calor de su polla antes de verla, el aire pesado de la habitación ya huele a lujuria antes de que ella entre. La gótica de pelo plateado usa ese corsé negro ajustado que sabe lo vuelve loco, los tirantes finos resbalando sobre sus hombros mientras se acerca con paso lento, deliberado, rozando su mano contra la mesa cada vez que pasa, fingiendo que es casual pero sabiendo exactamente lo que hace. Los tacones altos hacen que su culo quede en pompa, redondo y firme, y cuando finalmente se gira, los ojos de él ya están puestos en el escote que deja entrever esos pezones oscuros que se marcan bajo la tela. Ella se agacha para recoger algo, el corsé se abre un poco más, y él ve el brillo del coño mojado entre los muslos antes de que ella lo tape con un movimiento rápido, una sonrisa pícara en los labios. La polla del hombre ya está dura como piedra, late contra el pantalón, pero ella sigue jugando, sentándose a su lado y restregando sus tetas contra su brazo mientras charlan de tonterías. Él la agarra de la cintura con fuerza, la gira de golpe y la empuja contra la pared, sus manos subiendo por el corsé hasta desatarlo de un tirón. Ella gime cuando los dedos de él aprietan sus tetas, los pezones duros entre sus dedos, pero sigue riéndose, retorciéndose justo lo suficiente para que él pierda el control. Él la arrastra hasta el suelo, le arranca el tanga con los dientes, y antes de que ella pueda decir nada, ya tiene la boca enterrada en su coño, chupando ese clítoris hinchado con ganas, disfrutando el sabor salado y dulce de sus jugos. Ella se retuerce, grita, pero él no para, no hasta que sus muslos tiemblan y ella le tira del pelo para que se levante. Él se pone de pie, se quita los pantalones de un golpe, y sin pensarlo dos veces, la empotra contra la alfombra, entrando de una estocada hasta que las caderas chocan. Ella no puede ni gemir, solo abrir la boca en un silencio roto, los ojos vidriosos mientras él la embiste, fuerte, profundo, hasta que el sonido de la piel golpeando piel llena la habitación. Cada vez que él sale, siente cómo el coño de ella lo aprieta, como si no quisiera dejarlo ir, y cuando por fin se corre, es tanto dentro de ella que gotea entre sus muslos. Él la mira, respirando con fuerza, y antes de que ella pueda decir nada, él le susurra: '¿Te gustó tanto provocarme, puta?'