Esta madrastrita obedece mis órdenes sin rechistar
Anoche en el estudio, la madrastrita de tetas grandes y culo redondo entró en mi cuarto creyendo que era para una charla inocente, pero yo ya tenía mi polla dura desde que la vi moverse por la casa. Le susurré al oído que se arrodillara, y sin dudarlo, esa puta se humedeció al instante. Le ordené que me chupara mientras escuchábamos los pasos de su marido en el pasillo, y cada vez que gemía, le tapaba la boca con la mano para que no la escuchara. La puse de cuatro patas sobre el escritorio, metiéndosela hasta que sus muslos temblaban, y cada embestida hacía crujir la madera. El riesgo de que nos descubrieran la ponía más mojada, y cuando le dije que se corriera, lo hizo ahogando los gritos en mi hombro. Al terminar, su marido llamó a la puerta preguntando si todo estaba bien, y ella solo pudo balbucear que sí, con las bragas todavía empapadas.