Dai Belan gime mientras se toca frente al espejo
Se mira fijamente en el espejo, los dedos ya mojados de tanto frotarse el coño, sabe que esto está mal pero no puede parar, la tentación es más fuerte que cualquier culpa. Dai Belan, la más putita de la casa, se mordía los labios mientras sus caderas se movían al ritmo de sus dedos, imaginando que un macho le empotraba el culo hasta hacerle gemir. En más de 10 minutos de escena, no dejaba de mirarse, disfrutando cada gemido, cada contracción de su coño hinchado de deseo. La humedad le chorreaba por los muslos, pero seguía, porque esto era lo único que la hacía olvidar, aunque después viniera la vergüenza. El espejo reflejaba su rostro enrojecido, los pechos saltando al compás de sus movimientos, y en su mente solo había una idea: correrse, aunque después se arrepintiera. Las piernas le temblaban, el cuerpo le ardía, y justo cuando creía que no aguantaba más, se dejó ir, sintiendo el orgasmo recorrerle el cuerpo entero. Pero en ese momento, solo pensaba en una cosa: qué tan sucio había sido, y cuánto deseaba repetirlo.