Caminhoneiro follando ayudante en la cabina del camión
Una tarde de calor asfixiante en la carretera, el sudor pegaba la camisa al torso de Novoser mientras manejaba. Manuel Keny, su ayudante, no podía dejar de mirarle el paquete marcado bajo el pantalón, imaginando cómo sería esa polla dura entre sus labios. Llevaban días así, rozándose al pasar, manos que se demoraban demasiado al entregarse herramientas, miradas que quemaban más que el sol del mediodía. Cuando pararon en un descampado, el motor aún vibrando, Novoser no aguantó más. Con un gruñido, empujó a Manuel contra el asiento y le arrancó el pantalón de un tirón. La polla del ayudante ya goteaba, dura como una roca, y Novoser la engulló de golpe, ahogando los gemidos con su garganta. Manuel le agarró el pelo, empujando su cara contra su entrepierna mientras le escupía obscenidades. El camionero se levantó, escupiendo en su propia mano antes de hundir dos dedos en el culo apretado de su ayudante, que se arqueó gimiendo como una perra en celo. Cuando por fin le empotró la verga, Manuel gritó, las uñas clavándose en los hombros sudados de Novoser. Cada embestida hacía chocar sus cuerpos, el olor a sexo y gasolina llenando la cabina. Novoser le agarró las caderas, clavándolo contra el asiento mientras le reventaba el culo a sacudidas, sintiendo cómo se apretaba alrededor de su polla gruesa. Manuel se corrió primero, chorros espesos manchando su propio pecho, y eso fue lo que terminó de enloquecer a Novoser, que le llenó el culo de leche caliente con un rugido.