Tío político gay sodomiza al sobrino de 18 años
El tío llevaba meses coqueteando con ese culito prieto del sobrino cada vez que se quedaba solo en casa, pero hoy el muy goloso no se aguantó y lo empujó contra el sofá con la polla bien dura palpitándole bajo el pantalón. El chico, más sorprendido que otra cosa al principio, sintió cómo el aliento caliente de su tío le quemaba la nuca mientras le susurraba al oído que se dejara follar sin chistar, que su culo estrecho estaba hecho para recibir esa verga gruesa que ya le rozaba el agujero con gotitas de pre. El sobrino, con las piernas temblorosas y el coño bien mojado —aunque no le gustara admitirlo—, se dejó caer de rodillas para chupar esa polla morada que asomaba por el bóxer mojado, saboreando la salada leche que ya goteaba de la punta mientras gemía con los labios alrededor del tronco. El tío, impaciente, lo levantó de un tirón y lo dobló sobre el brazo del sofá, agarrándole las nalgas con fuerza para separárselas y escupirle directamente en el culo antes de enterrarle la verga de una embestida brutal que lo dejó sin aire. Los gritos ahogados del sobrino resonaban en el salón mientras el tío lo empotraba sin piedad, cada empujón más profundo que el anterior, sintiendo cómo el agujero se le abría para tragarse toda esa carne palpitante hasta que el chico no pudo más que soltar un chorro de leche sobre el tapizado mientras se corría como un animal. El tío, lejos de terminar, lo giró boca arriba y le clavó la polla hasta el fondo, ordeñando esos jugos calientes que le resbalaban por los muslos mientras le mordisqueaba los pezones duros, escuchando cómo los gemidos se convertían en súplicas por más. La corrida final fue tan intensa que el tío se corrió dentro con un rugido, llenándole el culo de leche espesa mientras el sobrino se retorcía bajo su peso, exhausto pero deseando que no acabara nunca. La ropa quedó tirada por el suelo, el sofá manchado de leche y sudor, y los dos jadeando como perros en celo, sabiendo que esto no sería la última vez que se revolcaran en el lodo del pecado familiar.