Chico musculoso con tinta empala a su amante
El musculoso Sean Duran llegó tarde a la cita pero traía la polla dura como una roca desde que vio a su amante esperándolo semidesnudo en el sofá, con el jockstrap bien ajustado a ese culo palpitante que tanto le volvía loco. Sin perder tiempo, le arrancó la prenda de un tirón mientras le mordisqueaba el cuello, dejando marcas rojas que luego lamió con la lengua gruesa y caliente, saboreando el sudor salado que le corría por la espalda tatuada. Con un empujón brusco, lo tumbó boca abajo sobre la alfombra, le separó las nalgas con las manos grandes y duras, y escupió en su entrada temblorosa antes de clavarle la verga gruesa y venosa hasta el fondo, arrancándole un aullido de dolor y placer que resonó en toda la habitación. Cada embestida sonaba como un latigazo húmedo, el choque de piel contra piel mezclado con los gemidos roncos que salían de su garganta, mientras sus abdominales marcados se contraían con cada envite profundo. El amante no podía más que arquear la espalda y empujar hacia atrás, deseando que esa polla lo reventara por dentro, sintiendo cómo el prepucio se le enredaba en las paredes del culo cada vez que Sean se retiraba casi por completo para volver a hundirse con saña. Los tatuajes de Sean se movían al ritmo de sus caderas, las líneas negras destacando sobre la piel sudorosa de ambos mientras la saliva le caía de la comisura de los labios resbalando hasta el colchón, donde se mezclaba con las gotas de semen que ya le goteaban a su amante por los muslos. Cuando Sean sintió que los huevos le cosquilleaban avisando de la corrida inminente, aceleró el ritmo hasta que los dos quedaron jadeando, con las respiraciones entrecortadas y los cuerpos pegados por el calor y la humedad del sexo sin control. En el último empujón, Sean enterró la polla hasta las bolas y se corrió dentro de él con un gruñido animal, sintiendo cómo el amante se contraía a su alrededor, ordeñando cada gota de leche espesa que le llenaba el culo ardiente. El silencio que siguió solo se rompió con los jadeos entrecortados y el sonido de sus cuerpos resbaladizos al separarse, dejando marcas de semen y saliva por todas partes como prueba de que esa follada salvaje había sido más que solo un polvo rápido.