El culo se me abre sin control al empalmarse
Jesús llegó con la polla bien dura y el culo empapado en aceite caliente, listo para que ese pedazo de verga se clavara sin piedad hasta dejarle con el rabo abierto como nunca. Lo primero fue un dedo juguetón que se hundió entre sus cachetes, sintiendo cómo el agujero se relajaba a cada presión, preparándose para recibir algo más grueso que cualquier consolador. Cuando la cabeza del rabo rozó su entrada, Jesús gimió fuerte, mordiéndose el labio inferior mientras empujaba hacia atrás para que el tronco se enterrara de golpe, abriéndole el esfínter hasta hacerle sentir que se partía en dos. El dolor inicial se volvió placer al instante, con cada embestida profunda que le sacudía las entrañas y le dejaba la boca abierta en un grito ahogado. El otro tipo no paraba de azotarle las nalgas, marcándole con la mano roja mientras su verga se clavaba más y más, hasta que el sonido de los huevos golpeando contra su culo resonaba en toda la habitación. Jesús no podía creer lo que le pasaba, cómo su cuerpo se abría sin resistencia, tragándose cada centímetro de esa polla gruesa que lo penetraba sin piedad, mientras sus gemidos se mezclaban con los gruñidos del macho que lo empotraba contra la pared. Cada vez que el tronco salía, podía ver cómo su agujero se abría como una boca hambrienta, ansiosa por volver a ser rellenado, y entonces el tipo empujaba de nuevo, esta vez más fuerte, haciendo que Jesús se corriera de golpe sin ni siquiera tocarse, con chorros blancos saliendo disparados por toda su barriga mientras seguía recibiendo cada embestida hasta dejarlo sin fuerzas. El culo le quedó tan abierto que hasta un puño podría caber, pero lo peor —o lo mejor— fue que, al día siguiente, aún podía sentir cómo su entrada palpitaba cada vez que se movía, recordándole que esa follada no tenía vuelta atrás.