Dos chicos se follan como locos en el sofá
Joder, qué par de bombones se tenían que conocer... Logan, el más bajito pero con un culo que no veas, se le quedó mirando a Johnny con esos ojazos mientras se lamía los labios. El muy puto no podía apartar las manos de su propia polla, que ya le palpitaba dura como un tronco bajo el pantalón ajustado. Johnny, más grande pero con un cuerpo de infarto, no tardó ni dos segundos en agarrarlo del cuello y estamparle un beso sucio que le dejó a Logan sin aliento. Las manos grandes de Johnny le apretaron las nalgas redondas, notando cómo el tanga se le clavaba en la carne mientras lo arrastraba contra su entrepierna, donde la verga ya le sobresalía como un mástil. Logan gimió cuando notó la cabeza gorda de Johnny rozándole el ano, húmedo y tembloroso por las ganas, y sin pensarlo dos veces se dejó caer de rodillas para chupársela como si no hubiera mañana. La polla le cabía entera en la boca, gruesa y venosa, y aunque le costaba respirar, el sabor a sudor y lubricante le volvió loco. Johnny le agarró la cabeza con fuerza y empezó a embestirle la garganta con movimientos lentos pero brutales, haciendo que Logan se atragantara con cada envite mientras las lágrimas le rodaban por las mejillas. Pero el cabrón no se quejó: al contrario, le encantaba sentir cómo la polla le llenaba hasta las amígdalas mientras le agarraba las pelotas con una mano y le daba collejas con la otra. Cuando Johnny notó que no podía aguantar más, lo levantó de un tirón, lo empujó contra el sofá y le arrancó el tanga de un tirón, dejando al descubierto un culo prieto y bien marcado que parecía hecho para ser follado a lo bestia. Logan, ya sin respiración, se puso a cuatro patas con las nalgas bien abiertas, mostrando el agujero rosado y brillante que suplicaba por ser empalado. Johnny no perdió ni un segundo: se escupió en la mano, se untó la verga con saliva y se clavó dentro de él con un empujón seco que les hizo gritar a los dos. Las embestidas comenzaron lentas, casi tortuosas, pero en cuanto Logan empezó a gemir como una puta en celo y a mover el culo para atrás buscando más, Johnny se volvió loco y se lo folló como un animal, con los huevos golpeándole las nalgas cada vez que se hundía hasta el fondo. El sofá crujía bajo ellos, los cuerpos chocaban con un sonido húmedo y sucio, y el aire olía a sexo, sudor y lubricante barato. Logan se corría sin tocarse, con chorros de leche saliéndole por la polla mientras Johnny, con un rugido animal, le llenaba el culo de semen caliente hasta que ambos cayeron jadeando sobre los cojines, pegajosos y exhaustos pero con las sonrisas más satisfechas del mundo.