Transei con esta trans caliente toda la noche
La polla se le puso dura solo con verla entrar al bar con ese vestido ajustado que le marcaba hasta el último pliegue de sus tetas siliconadas. Era una morra trans con curvas de infarto y un culo redondo que pedía a gritos que alguien la empotrara contra la pared. Cuando se acercó a pedirle un trago, él no pudo evitar clavarle la mirada en el escote, donde los pezones se le marcaban duros bajo la tela fina. Ella soltó una risa pícara al notar su bulto abultado en el pantalón y le susurró al oído que le encantaban los hombres con verga gruesa. Sin pensarlo dos veces, él la agarró de la cintura y la pegó contra su cuerpo, sintiendo cómo sus tetas blandas se aplastaban contra su pecho mientras sus lenguas se enredaban en un beso voraz. Ella gimió cuando él le mordisqueó el labio inferior y le pasó la mano por el culo, apretándole las nalgas con fuerza para sentir su carne temblorosa bajo los dedos. La trans se quitó el vestido de un tirón y quedó ante él en un tanga negro que apenas le cubría el coño, ya mojado y listo para recibirlo. Él se agachó y se lo arrancó de un tirón, dejándola con las piernas abiertas y el coño palpitando, mientras con la otra mano le agarraba la polla y se la frotaba contra el muslo para que sintiera lo dura que estaba. Ella jadeó cuando él le introdujo dos dedos en la raja y los movió de lado a lado, mojándoselos con sus jugos, antes de empujarla contra la mesa del bar y doblarle el cuerpo sobre ella. Con las tetas apretadas contra la madera y el culo en pompa, ella no dudó en levantar la cabeza para mirarlo por encima del hombro y decirle que no la tratara como a una dama, sino como a la puta que era. Él no se hizo de rogar: le escupió en el culo para lubricarlo mejor y, sin más preámbulos, le clavó la verga hasta el fondo con un empujón que la hizo gritar de placer. Las embestidas eran brutales, cada vez que se le hundía hasta las pelotas ella gemía como una loca y él le agarraba las tetas con fuerza, sintiendo cómo sus pezones se le clavaban en las palmas. Los ruidos de choque entre sus cuerpos llenaban el local mientras ella se corría una y otra vez, con chorros de leche saliéndole por el coño y resbalándole por las piernas. Cuando él sintió que su verga comenzaba a palpitar, la sacó a tiempo para que se corriera sobre su barriga, llenándola de semen espeso que ella se frotó contra la piel con los dedos antes de llevárselos a la boca para chuparlos hasta dejarlos limpios. La noche terminó con ella cabalgándolo en la cama, con la polla otra vez dura dentro de su coño, y él jurándole que al día siguiente repetirían la misma película, pero esta vez con ella arriba y él gimiendo como un animal.